Subway NY

Esta es la tímida presentación de un proyecto que pude realizar en la ciudad de New York, siendo más exactos en el metro de la ciudad. Como declaración de intenciones, escribo:

Los desplazamientos en la ciudad se hacen larguísimos, durante los primeros trayectos incluso hacen gracia pero con el paso del tiempo (no me imagino como debe ser para los estresados neoyorquinos) la pesadez de cada trayecto se incrementa exponencialmente. Mucha paciencia, cansancio y una especie de estado de apesadumbramiento invaden la atmósfera de vagones y estaciones.

Cuando la no intervención es una virtud.

En fotografía no hay un solo camino sino hay tantos como miradas y todas ellas son válidas. Otra cosa diferente es saber diferenciar que es lo que es válido para uno mismo como fotógrafo. Cuando lo reconoces empiezas a discernir que para lo que uno funciona seguramente para otro puede que no sea así y viceversa.
Bajo mi punto de vista lo más importante es que el resultado sea coherente con las intenciones previas al inicio del trabajo, es decir que sea un resultado consciente y buscado. A partir de aquí ya podemos empezar a hablar de un proyecto serio.

Es curioso lo que a veces me sucede cuando enseño mis trabajos, en algunas ocasiones me he encontrado con la crítica de que no hay implicación ni intervención con lo que fotografío. Quizás esto sucede porqué se confunden mis intenciones, y creo que me intentan catalogar como fotógrafo de reportaje. Aunque lo entiendo me consuelo pensando en que mi fotografía no es de ese tipo, sino que es de otro.
Mi fotografía se basa en la no intervención, en buscar un tema y fotografiar lo que veo al salir a la calle y que sea ella misma y lo que en ella sucede lo que me invita y pide a gritos que apriete el disparador. Entre otras cosas, también se basa en la composición (al elegir un tema sino hay composición, no hay encuadre, no hay elección, me pregunto cual es el papel del fotógrafo en el momento de captar las imágenes…)

En una de esas críticas -que sin duda valoro- me han llegado a decir que una fotografía bien compuesta no es mejor que otra mal compuesta… Lo que pasa es que esas palabras me han provocado un cortocircuito del que aún no me he recuperado. Entiendo que esa observación va en la dirección de que me libere del peso de la búsqueda de una buena composición y busque otras cosas, pero yo me pregunto… y si la esencia de un fotógrafo es esa, ¿que sucede? ¿por qué tendría que cambiar su forma de hacer las cosas?

Reflexionando, podría darle la vuelta, podría preguntarme: ¿acaso es mejor una fotografía porqué el fotógrafo tenga interacción con el sujeto fotografiado? Yo creo que eso hablaría de otras cosas, pero no de la valoración de la imagen por si misma.

Por otro lado, hay un género fotográfico -la fotografía de calle- con el que me siento muy identificado y que habla mucho de la no intervención, de plasmar la realidad sin modificarla, de esos instantes fugaces que merecen ser retratados bajo un determinado punto de vista..
Creo que hoy en día este tipo de fotografía no se valora, va a la deriva y por el que sin duda lanzo una reivindicación desde aquí.

Cartier Bresson, Robert Doisneau, Saul Leiter, Alex Webb (fotógrafo de calle encubierto) o mi recién descubierto Constantine Manos (también street photographer encubierto) cada uno con su mirada particular podrían ser algunos de los exponentes de esta corriente.

No he podido evitar la tentación de subir una imagen de Constantine Manos de su trabajo «American Colors».

La búsqueda fotográfica (II)

Hace relativamente poco -con muy buen criterio- mi amigo Marcelo me sugirió que escribiera un segundo post que complementara el titulado La búsqueda fotográfica escrito el pasado mes de febrero.

Reflexionando, cualquier reportaje que se precie debe tener un estilo y un tema, dicho de otro modo debe tener una forma y un fondo. En el anterior post me centré en la forma dejando de lado el fondo pero esta es una vision parcial si es que queremos explicar algo con nuestras imágenes.
El gran ejemplo para estos casos es la contraposición entre Cartier Bresson y Robert Frank, ambos maravillosos. Aunque hoy me centraré en el segundo.

Robert Frank con su libro «Los Americanos» hace una crítica al sueño americano y a la sociedad americana de los años 50 anteponiendo el fondo a la forma, dejando de lado la estética aunque con matices… ya que considero que sus imágenes estéticamente son notables.

 

Esta fotografía puede servir perfectamente para lo que intento explicar.

La primera vez que la vi hará 5 o 6 años pensé… «esta fotografía está mal hecha, ¡no se le ve la cara!» …
¡Madre mía! Ahora me río de esa visión simplista y superficial, hoy se de la intencionalidad de Robert Frank al hacerla y de su simbolismo. Quería evidenciar que la «nación americana» con sus signos y símbolos estaba por delante de las personas, lo cual no es una denuncia obsoleta bajo mi humilde punto de vista. Además compositivamente está clavada.

De nuevo puedo decir -y no me cansaré de repetirlo- que fotografíar es mucho más que coger una cámara y hacer fotos, haciendo un paralelismo se podría decir que esa también sería una visión superficial.

©Robert Frank

Imágenes publicadas en Lonely Planet: Londres


En el actual número de la revista Lonely Planet dedicado a Londres me han publicado 5 fotografías.
Siempre hace ilusión y es por eso que he decidido compartirlo.
Son 3 fotos tomadas en el East End, una en el SoHo y la vertical en Picadilly Circus.

 

 

 

Delincuente por un dia

En esta sociedad a menudo se nos imponen normas y prohibiciones, muchas veces de forma escalonada, otras tajantemente.

Recuerdo cuando fui al MoMa de New York por allá en el año 2005 era -y creo que sigue siendo-posible hacer fotografías del museo y de las obras de arte siempre y cuando no se lleve trípode ni se utilice flash. Entiendo las dos premisas, es comprensible pues no hay que entorpecer el paso a los visitantes y no creo que sea muy bueno el uso del flash para la conservación de determinadas obras de arte. Imaginaros que cada uno llevara su propio trípode, seria un despropósito propio de algunas películas de los Hermanos Marx.

El mismo despropósito es para mi evitar bajo cualquier circunstancia que las personas que han pagado su entrada hagan fotografías en el interior de los museos, ya sea de una papelera, de un cuadro o de tu pareja al lado de un cuadro de su pintor favorito y que admira desde que era una niña. No se que daño económico puede hacer a los museos el que se hagan esas fotografías.
Hace mucha gracia caminar con la cámara colgando del cuello por los museos y que los guardias de seguridad no paren de mirarte de reojo para comprobar que no se te ocurra utilizarla. En esos momentos uno se siente poco menos que un militante de Al Qaeda a punto de cometer un atentado.

Recuerdo la semana pasada estando en un museo cuando cogí la cámara para colocarme correctamente la correa ya que me molestaba y en seguida me vino el señor guardia corriendo a decirme que no podía, supongo que se refería a hacer una foto no a ponerme bien la correa aunque nunca se sabe en estos tiempos locos…

En fin, el caso es que mientras unos no pueden hacer fotografías, otros si que pueden hacer «copias» de los cuadros. No entiendo porqué, esos señores aún los van a vender y no compraran la litografía correspondiente… cachis… no puede ser…
¡Son las normas!
Por cierto, ¿qué daño o pérdida económica ocasiona esta foto al cuadro, al museo o a la sociedad en general?

 

Caminos de Hierro

Este año he vivido en directo la entrega de premios ya que mi amigo Massimo -también fotógrafo- ha sido premiado con un accésit y me invitó a acompañarlo a la entrega de premios, cosa que desde aquí le agradezco. Hay que decir que la organización ha sido excelente y el trato dispensado por todos ellos exquisito.

Como no en la web www.caminosdehierro.es ya aparecen las nuevas fotografias premiadas todas ellas fantásticas. Bajo mi punto de vista cambiaria el orden de los premiados, para mi el segundo premio deberia haber sido el primero y viceversa.
La fotografia seleccionada como primer premio tiene un valor más artístico mientras que el segundo premio tiene un valor mucho más fotográfico y documental. Una serie de 4 fotografías realizadas con excelente luz y captando instantes fugaces de forma fantástica. Mis felicitaciones a Gipsy Rangel, la autora.
Mientras que la primera fotografía es excelente pero ha sido realizada en un estudio con una maqueta y unos focos. En fin, a veces es bueno echarle imaginación pero para mi eso le resta valor. Pero bueno, esta es solo mi opinión.

Por otro lado, esta es mi interpretación libre del evento.

@Carlos Prieto

La búsqueda fotográfica

La búsqueda fotográfica es algo aparentemente muy sencillo. Se trata de coger una cámara de fotos, salir a la calle, encuadrar, enfocar y apretar el botón disparador.
Cuando se ve una fotografía, generalmente el espectador tiene una falsa sensación de que esa fotografía también la podría haber realizado él si hubiese estado en ése lugar. ¡Que gran mentira! Los puntos de vista sobre una escena son infinitos, tantos como fotógrafos que retraten ese espacio.Cada persona tiene su interpretación. Es por ello que muchas veces al ver una buena fotografía se preguntan cosas como … ¿con que cámara se ha tomado la foto? Curioso…
Me pregunto porqué no preguntan a un escritor el tipo de bolígrafo que ha utilizado para escribir sus textos o la marca del ordenador donde los ha mecanografiado. Navia dixit y Navia tiene razón.
Es difícil encontrar lo que se busca desde un punto de vista fotográfico, si bien es cierto que una vez que se encuentra todo es más fácil.
El fotografiar con intención se nota, el espectador lo percibe, y se da cuenta que esas fotografías no han sido fruto del azar o al menos no totalmente de él. Ha sido un «azar» buscado y encontrado.
Un ejemplo de lo que digo podrían ser estas tres fotografías que hice en el centro de Barcelona, difícilmente alguien podría pensar que estos claroscuros no han sido buscados.

El hombres que se me acercó en Estambul

Hoy he estado hablando con un familiar que, como yo, fue a Estambul el año pasado y es curioso porqué ambos teníamos anécdotas que hablaban de la hospitalidad de sus gentes. Los dos estuvimos de acuerdo en preguntarnos para que quieren entrar ellos en Europa, con lo bien que están con la situación que tienen.

En los pocos días que estuve allí observé que las personas tienen una buena predisposición a crear un vínculo a través de la conversación, se muestran abiertos a conocer y lo viven con normalidad. Lo cual para el visitante predispuesto es un lujo. Nunca he encontrado en mis 33 años en Barcelona actitudes semejantes, y eso es una crítica… Aquí la gente permanentemente está alerta y recelosa con los desconocidos.

Era una tarde del mes de julio y ya me disponía a regresar exhausto al hotel después de estar deambulando por los barrios de Fener y Ayvansaray para llevar a cabo mi cometido fotográfico. Para conseguirlo la forma más rápida y barata era coger el Ferry que debía llevarme a la otra orilla del Bósforo. Había otras 5 o 6 personas esperando en los aledaños de la estación, yo llevaba la cámara colgando y supongo que fue eso lo que encendió la chispa de la curiosidad en un hombre de avanzada edad con mirada cristalina y aspecto bonachón.

Empezó a hablarme en turco -por supuesto- ni que decir tiene que es un idioma que desconozco en su totalidad pero no fué impedimento suficiente para comunicarnos como podíamos.

Le enseñé el plano de la ciudad que llevaba encima, lo miró atentamente,como si no hubiera visto nunca la cartografía de su ciudad, me señaló donde vivía al otro lado del Bósforo.
Mientras esperábamos le pregunté si podía hacerle algunas fotos, amablemente me contestó que claro… Le sugerí que girara su cabeza un poco para que le diera el sol en la cara a lo que no puso impedimento alguno.

Seguimos hablando, entendí que tenía problemas de salud, con gesto dolorido me señaló su riñón y las piedras sobre las que estábamos sentados … Al poco tiempo llegó el Ferry, nos levantamos y recuerdo que lo miré agradecido por la conversación mantenida mientras comprobaba como se iba alejando mientras se mezclaba con los otros pasajeros…

Una vez en el ferry y habiéndome despedido de mi nuevo amigo, seguí fotografiando y ahora recuerdo todo ello con nostalgia y emoción…

 

Museo de los Judíos de Berlín – Jewish Museum Berlin

Todo tiempo pasado no fue mejor.

Berlín es una ciudad moderna, cosmopolita, tolerante, atractiva y impulsora. Pero no siempre ha sido así, la ciudad fué protagonista de hechos insólitos que hoy aún despiertan dudas, inquietud y un magnetismo del que es difícil escapar. ¿Por qué? ¿Cómo fue posible? son algunas de las preguntas que nos hacemos cuando la visitamos y disfrutamos de lo que es hoy la ciudad.

Esas preguntas son las que me hicieron llegar hasta el Museo de los judíos de la ciudad, al llegar quedé boquiabierto al comprobar que en su entrada habían dos soldados con sus intimidadoras ametralladoras correspondientes, supongo que para nuestra seguridad…

El exterior del edificio es bello, de una plateada y rectilínea arquitectura. Su interior no se queda atrás.

El punto que más me impresionó fue la sala de homenaje a las víctimas del holocausto, con 10.000 caras de hierro en el suelo de la sala como si fueran hojas caídas.
Al llegar a esa parte del museo sabes que te estás acercando a un emplazamiento especial, diferente, único. Se oyen unos sonidos secos, contundentes, metálicos que retumban arritmicamente. No se sabe muy bien que es… te acercas… dubitativo, accedes a esa sala… los pensamientos que te llegan a la cabeza son de metal sobre piedra, ¿martillazos?, ¿trabajos forzados?… lo que es seguro es que no intuyes nada que sea agradable…
Al llegar a la sala de repente no se oye nada, miras al suelo y ves una caras que estremecen, caras vacías, frías, con expresiones escalofriantes…

Súbitamente volví a escuchar esos martillazos, giré mi cabeza a la izquierda y ví como un niño caminaba sobre las caras, a cada paso un nuevo sonido ensordecedor y contundente. El niño saltó como si quisiera huir de ese lugar, como si no quisiera por nada del mundo volver a él y dirigirse hacía otro sitio mejor…

Proyecto Berlín

Fotomerçè 2009

Bueno, y ya van 3 años seguidos en que me seleccionan uno o más fotos para el fotomerçè… sin premiar, para seguir la tradición.
La verdad es que tampoco me importa demasiado, prefiero estar 3 años seguidos siendo seleccionado que solo un año aunque sea con un premio menor o no tan menor y después nunca mas se supo.
Además este año la verdad es que tampoco me involucré demasiado es por ello que ya estoy contento.
Podría decirse que es cómo aquel delantero que no para de gozar de oportunidades de gol y todas van al poste… bien… alguna entrará…quizás en algún otro partido en que la mentalidad sea más precisa.
La foto en cuestión la hice en el Castell de Montjuic, toda esa gente estaba disfrutando de la actuación de los payasos y/o acróbatas.
Siendo realistas ya sabía que esta no era una foto para ganar, se premian las fotos de acción en este concurso pero yo estoy muy contento con ella.