Era el mes de febrero, hacía bastante frío. De hecho pensábamos que Estambul no era una ciudad en la que podía hacer mucho frío, evidentemente nos equivocamos…
Mientras ese frío se intensificaba con la caída de los rayos del sol, se encendían las luces de los pisos, porterías y de las tiendas. Fue entonces cuando observé que circulaba una transeúnte hacia la panadería y entonces me dispuse a coger con fuerza mi cámara analógica previsualizando lo que era claro que iba a suceder y saqué la fotografía.
Me encantan esos adoquines con formas semicirculares de los que aquí -en Barcelona- ya no los hay.

En una ciudad donde el sol aparece muy de vez en cuando, cuando lo hace hay que aprovecharlo al máximo para poder sacar imágenes como esta.
Es increible como cambia una fotografía con una buena luz. ¿Os podéis imaginar la misma foto sin ese sol? ¿tendría algún sentido? creo que no…
Siempre nos quedará aprovechar esos instantes fugaces…

…o como la mirada de un fotógrafo puede influir en otro...
No es una copia, sin embargo el concepto si que ha sido adquirido, robado, aprendido… llamadlo como queráis…
Cualquier fotógrafo inquieto repasará los clásicos, los revisará… para aprender y incorporar conceptos a su particular «mirada fotográfica». Eso precisamente es lo que quiero ilustrar con esta entrada en la que cuelgo dos fotografías. Una es de mi admirado Saul Leiter hecha en New York – como casi todas sus fotos, y la otra la hice el pasado mes de junio en Estambul.
Cuando hice la foto de Estambul no me acordaba de la foto de Saul Leiter, pero evidentemente ya la había visionado antes y seguramente por eso hice esa foto.


Cuelgo mis primeras fotos después de volver del Visa Pour l’ Image con una interpretación personal y un tanto triangular de la capital de la Catalunya Nord.

