11-S o la belleza del horror.

Multitud de noticias han aparecido estos días alrededor de la catástrofe de hace 10 años con el aniversario del atentado sobre las torres gemelas.

No es que vaya a pecar de proamericanismo ni de antiamericanismo, se que no fué peor lo que ocurrió en New York ese mismo día que lo que los americanos han estado haciendo alrededor del mundo durante muchos años, poquito a poquito… como una gota malaya… pero sin lugar a dudas si que fue más vistoso, más espectacular.

La reflexión no es esa, la reflexión que os quiero lanzar es una frase que leí del amigo James Natchwey que me llamó poderosamente la atención en una entrevista.

“I understood instantly that I had about five seconds to live, and that my chances of surviving this were very slim. It was actually a very beautiful sight, with the smoke and the metal and the paper against the blue sky. It was visually stunning, one of the most beautiful things I’ve ever seen. But it was going to kill me, and there was no time to take a picture.”

Lo que me llamó la atención es el siguiente extracto:

“It was visually stunning, one of the most beautiful things I’ve ever seen”

La pregunta que me hago es: ¿es ético que un fotógrafo pueda disfrutar, aunque sea un segundo o medio segundo por las oportunidades que le dan los acontecimientos -tan dramáticos en este caso- por qué le dan la oportunidad de obtener buenas fotografías?

Es evidente que todas las imágenes que incluyo en esta entrada son buenas. incluso diría que muy buenas… espectaculares algunas…

Pero ¿es lícito que las observemos? ¿que nos recreemos en ellas? ¿es morbo? ¿curiosidad? ¿qué nos atrae?

A mi como fotógrafo lo tengo claro… ¿acaso hubiésemos deseado estar en New York ese día para documentar lo que allí ocurrió?

 

Me pregunto si ellos -que estaban allí- estaban disfrutando al tomar esas imágenes, ¿tenían más miedo, temor por las victimas o por el contrario estaban excitados por las tomas realizadas?

Parto de la base que nadie sabía muy bien a ciencia cierta que es lo que estaba ocurriendo, ni la verdadera escala de los acontecimientos y seguro que muchos de ellos no salían de su asombro por todo lo que estaba ocurriendo, pero es inevitable que me haga estas preguntas.

En cualquier caso, os adjunto estas imágenes que sin duda nos acercan a todo lo que ocurrió ese día en la ciudad de los rascacielos que me han llamado poderosamente la atención por su alto contenido visual, no sin dejar todas esas preguntas al aire esperando que alguno de vosotros me conteste.

 

Visa pour l’image 2011, unas fotografías y la árdua tarea de seleccionar.

¿otra entrada hablando de las múltiples exposiciones del Visa?
Pues no, otros compañeros ya lo han hecho y muy bien.
Este post será un paseo por las fotografías que tomé en Perpignan (Fuji X100 en mano) acompañado de Jordi Beltri, Rafa Pérez y Julio Parralo (todo muy Calle 35) el pasado lunes y de como el streeter tiene que seleccionar y descartar las fotos tomadas en cada salida y marcarse unos criterios estrictos para evitar caer en la “masificación digital” de la que cada vez es más difícil zafarse.

De las ciento y pico fotografías tomadas en Perpignan, me gustan 9 y no estoy convencido del valor de todas ellas. Colocaría varios escalones.

El primero formado por estas 3 imágenes que tienen un compacto discurso formal, son las que más me agradan.

En el segundo peldaño, colocaría esta fotografía que… ¿formalmente quizás podría participar del primer trío de imágenes?

Más allá colocaría estas dos fotografías, de un estilo más street si cabe. Menos sugestivas, pero he de reconocer que la dualidad de las gafas de sol tira mucho…

Y finalmente colocaría el resto de imágenes de las cuales cada vez dudo más, tanto desde un punto de vista compositivo como de interés intrínseco.  ¿como lo véis vosotros?

Comparte la fotografía:

del.icio.us
Facebook
Google Bookmarks
Bitacoras.com
email
LinkedIn
Meneame
RSS
Tumblr
Twitter
Wikio

“Elogiemos ahora a hombres famosos”, James Agee & Walker Evans.

Acabo de empezar a leer este libro de 497 páginas ya que José Manuel Navia nos lo recomendó encarecidamente en el taller que realizaron “Els Amics de la fotografía” de Torroella de Montgrí hace ahora ya algo más de dos años y era algo que tenía pendiente desde entonces.

Se trata de un clásico larvado en el verano de 1936 gracias a una colaboración de un escritor, James Agee y de un fotógrafo, Walker Evans. El libro concentra las experiencias de ambos en su convivencia con 3 familias arrendatarias del sur de Estados Unidos durante la Gran Depresión, viviendo en la más absoluta de las pobrezas.

No voy a hacer un análisis del libro, pues aún no lo he leído. Lo he empezado, pero soy un enfermo de las citas y cuando algo lo considero notable lo remarco.

Considero adecuado la siguiente cita:

Porque en el mundo inmediato todo puede ser discernido por quien sea capaz de discernirlo, y central y sencillamente, sin disecciones científicas ni digestiones artísticas, sino intentando, con la totalidad de la consciencia, percibirlo tal como es: de modo que el aspecto de una calle soleada pueda gritar en su propio corazón como una sinfonía, quizá como ninguna sinfonía sabría hacerlo: y la conciencia entera se traslada de lo imaginado, lo revisable, al esfuerzo de percibir simplemente el cruel esplendor de lo que es.

Por eso la cámara me parece, después de la conciencia sin ayuda y sin armas, el instrumento central de nuestro tiempo; y por eso también siento cólera ante su mal uso (…) sólo conozco a menos de doce personas vivas en cuyos ojos pueda confiar incluso tanto como en los míos.

En este fragmento se habla de una manera directa del poder de la fotografía como un instrumento para mostrar la realidad tal cual es, o no…. si ésta se utiliza perniciosamente…

Sin lugar a dudas es una interesante reflexión, en la que nos confirma la subjetividad extrema en la que sobrevive la fotografía. La fotografía dificilmente pueden ser objetiva, aunque algunas personas -erradas ellas- aún piensen que pueda serlo.

Imágenes aparentemente objetivas -como las de Walker Evans- nos engañan y nos muestran una cruda realidad con un falsa objetividad, distante, suave y a veces cruel, en las que Evans parece que no se implique en la toma de las fotografías pero que consiguen que éstas te queden grabadas en la mente y uno las recuerde casi sin querer.

 

Imagen publicada en Altaïr, Turquía.

Siempre es una satisfacción publicar imágenes, pero esta alegría aumenta si es en una buena revista. Y en este caso Altaïr sin duda lo es.

En el actual número destinado a Turquía, la revista ha decidido contar con mi colaboración en la publicación de una fotografía realizada el verano pasado en una de las calles perpendiculares a la popular Avenida Istiklal Caddesi ubicada en la zona más moderna de la ciudad donde por las noches los jovenes más “occidentalizados” de Estambul se divierten bailando y bebiendo cerveza mientras “socializan”.

 

Especial ilusión me ha hecho recibir la revista mediante correo postal, un detalle que no todas las revistas realizan hoy en día. Muchas gracias.

©Carlos Prieto

Christophe Agou, Ante el silencio.

Ayer tuve la oportunidad de hojear un libro que me llamó poderosamente la atención se trata de “Ante el silecio” de Christophe Agou.
Mis reticencias llegaban porqué se trata de un libro premiado, con el lema: “European Publishers Award for Photography 2010″.
©Christophe Agou
No digo que no sea justo vencedor, no conozco el resto de trabajos pero todo lo que huele a premios me provoca reticencia.
©Christophe Agou
De todos modos tengo que reconocer que me rendí al trabajo de este fotógrafo francés, del que solo sabía que pertenece al celebrado colectivo In-public.
©Christophe Agou

Mejor dejaré que sea él mismo quién explique de que va el libro y cuales eran sus motivaciones a la hora de realizarlo, tan solo suscribir el poderoso sentimiento que provocan observar sus imágenes al ávido lector de experiencias y anotar que al “leer” el libro me vino a la mente el trabajo que Walker Evans realizó junto a James Agee para documentar la pobreza extrema durante la depresión estadoudinense de principios de los años 30.
El tiempo pasa pero hay cosas que no cambian.

©Christophe Agou

“En el invierno de 2002, comenzé a documentar la vida y las emociones de los agricultores que viven en la región de Forez, uno de los secretos mejor guardados de Francia. Siempre he tenido un profundo afecto por esta tierra en la que nací y viví hasta los 16 años – una región donde la agricultura y la ganadería han forjado la identidad cultural de los pueblos y se alimenta la imaginación de más de un siglo. 

©Christophe Agou

 En los últimos 6 años, viajé a las partes menos conocidas de este vasto dominio en el que me sentí inspirado por el silencio que he encontrado y trasladado por los hechos y el carisma de la gente que me encontré. Cuanto más veía, más me quería meter de lleno en sus vida y revelar los sentimientos ocultos de su naturaleza. Con el tiempo y a través de un proceso gradual de crear confianza, aceptaron mi ojo curioso y me permitieron fotografiar su diaria existencia. 

©Christophe Agou

 Mi esperanza es presentar una visión personal y poética de la vida llena de gran fuerza, la sabiduría, la nostalgia y el amor. Quiero ir más allá de documentar la autenticidad de su existencia y la vida de mucha mano de obra, para presentar un retrato más profundo y más íntimo. Me encanta esta gente por lo que son y no por lo que dicen. Este proyecto es para mí una meditación sobre la vida y la muerte, el silencio y la soledad que parecen cada vez más presente en nuestras vidas.” 
(Christophe Agou)

©Christophe Agou
©Christophe Agou