Hoy he estado hablando con un familiar que, como yo, fue a Estambul el año pasado y es curioso porqué ambos teníamos anécdotas que hablaban de la hospitalidad de sus gentes. Los dos estuvimos de acuerdo en preguntarnos para que quieren entrar ellos en Europa, con lo bien que están con la situación que tienen.

En los pocos días que estuve allí observé que las personas tienen una buena predisposición a crear un vínculo a través de la conversación, se muestran abiertos a conocer y lo viven con normalidad. Lo cual para el visitante predispuesto es un lujo. Nunca he encontrado en mis 33 años en Barcelona actitudes semejantes, y eso es una crítica… Aquí la gente permanentemente está alerta y recelosa con los desconocidos.

Era una tarde del mes de julio y ya me disponía a regresar exhausto al hotel después de estar deambulando por los barrios de Fener y Ayvansaray para llevar a cabo mi cometido fotográfico. Para conseguirlo la forma más rápida y barata era coger el Ferry que debía llevarme a la otra orilla del Bósforo. Había otras 5 o 6 personas esperando en los aledaños de la estación, yo llevaba la cámara colgando y supongo que fue eso lo que encendió la chispa de la curiosidad en un hombre de avanzada edad con mirada cristalina y aspecto bonachón.

Empezó a hablarme en turco -por supuesto- ni que decir tiene que es un idioma que desconozco en su totalidad pero no fué impedimento suficiente para comunicarnos como podíamos.

Le enseñé el plano de la ciudad que llevaba encima, lo miró atentamente,como si no hubiera visto nunca la cartografía de su ciudad, me señaló donde vivía al otro lado del Bósforo.
Mientras esperábamos le pregunté si podía hacerle algunas fotos, amablemente me contestó que claro… Le sugerí que girara su cabeza un poco para que le diera el sol en la cara a lo que no puso impedimento alguno.

Seguimos hablando, entendí que tenía problemas de salud, con gesto dolorido me señaló su riñón y las piedras sobre las que estábamos sentados … Al poco tiempo llegó el Ferry, nos levantamos y recuerdo que lo miré agradecido por la conversación mantenida mientras comprobaba como se iba alejando mientras se mezclaba con los otros pasajeros…

Una vez en el ferry y habiéndome despedido de mi nuevo amigo, seguí fotografiando y ahora recuerdo todo ello con nostalgia y emoción…

 

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